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jueves, 18 de mayo de 2006

Entre sexo y género


IVAN MAÑERO / ESTHER GOMEZ

Coger un avión para irte de vacaciones, pagar con tarjeta de crédito, buscar trabajo... son tareas cotidianas que pueden convertirse en algo más que un mal trago cuando tu físico y tu documentación no coinciden, cuando tu género y el sexo de tu DNI no son el mismo. Esto es lo que viven diariamente las personas transexuales.

La transexualidad o disforia de género es conocida desde muy antiguo y se ha dado, con mayor o menor aceptación, en todas las culturas de nuestro planeta. Por ello no debemos atribuir la transexualidad a un hecho cultural o social, sino a un aspecto de la estructura del ser humano. La disforia de género consiste básicamente en una insatisfacción continua y sostenida, en muchos casos desde la infancia, con los genitales y las características físicas del sexo de nacimiento y un deseo constante y manifiesto de cambiarlo y de ser aceptado social y legalmente como miembro del género escogido. La ausencia de armonía entre género y sexo provoca gran sufrimiento en la persona y es en este aspecto en el que intervienen psicólogos, psiquiatras, endocrinólogos y cirujanos. Pero la sociedad debería tener también un papel muy importante a la hora de acoger a estas personas como ciudadanos de primera, de ayudar a su adaptación social, de no ponerles trabas a la hora de conseguir una identidad que necesitan para seguir viviendo de forma digna.

Hasta hoy, para que una persona a la que se le diagnostica una disforia de género pueda cambiar su nombre y sexo en la documentación oficial, era imprescindible someterse a una cirugía de reasignación sexual y después entablar una batalla legal con la administración.Pero no todos los transexuales pueden o quieren pasar por quirófano: la aceptación de su cuerpo de nacimiento, la falta de recursos económicos o problemas de salud impiden llegar al final del proceso.Además, antes de llegar a la cirugía, deben pasar por un largo proceso diagnóstico y de tratamiento en el cual deben vivir y comportarse como personas del género escogido, ¿cómo hacerlo cuándo físicamente eres una mujer y te comportas como tal, pero tu nombre sigue siendo masculino? O al revés. Por otra parte, mientras que la cirugía genital no esté sufragada por la sanidad pública, ¿cómo se puede exigir que para hacer el cambio de nombre y sexo sea obligatorio haber pasado por una intervención quirúrgica de genitales? La mayoría de pacientes, por desgracia, no pueden costearlo económicamente.

La transexualidad no es algo pasajero y las personas que la sufren tienen un deseo intenso de vivir como personas del otro género.Médicos y científicos han reconocido la eficacia y la necesidad de seguir unos estándares asistenciales en el tratamiento de cualquiera de las fases de la transexualidad. Los de mayor renombre y validez son los creados por el Harry Benjamin International Gender Disfhoria Association, Inc. De estos estándares se desprenden algunos requisitos que se exigen a los transexuales para abordar su cambio de género, como mantener contacto con un experto en salud mental para descartar cualquier otra alteración psicológica transitoria y que éste acredite un diagnóstico de transexualidad real; aceptar el rol de su género y abandono total del rol del sexo biológico durante un mínimo de un año de forma continuada y con normalidad (lo que implica asumir todas las actitudes sociales del género al que se desea pertenecer: ropa, nombre, actitud social...); someterse a un tratamiento hormonal, dirigido por un endocrinólogo, durante alrededor de un año antes de la intervención quirúrgica de cambio de sexo; y, en caso de llegar a la cirugía de reasignación sexual, estar en condiciones psicológicas estables para afrontar la intervención y su postoperatorio.

Harry Benjamin, endocrinólogo norteamericano especializado en disforia de género, sostenía en 1976: «Me gustaría recordar a todos un hecho muy importante y fundamental: la diferencia entre sexo y género. Sexo es aquello que se ve. Género es lo que se siente. La armonía entre ambos es esencial para la felicidad humana».

Dr. Iván Mañero Vázquez es cirujano plástico estético y reparador de la
Unidad de Género de Clínica Mediterrània.

Dra. Esther Gómez Gil es especialista senior en Psiquiatría del Hospital Clínic
(Barcelona).
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